Ya no creo en cuentos de princesas tontas

Sentada esperaba en la estación de tren, sola y a oscuras, enfundada en su gabardina negra de cuero y con su maleta de terciopelo rojo, solo se escuchaba el tic tac del reloj en la pared del andén que marcaba las 2:45 de la madrugada.
El viento aquella noche era cruel, gélido cómo un témpano de hielo, soplaba con furia alborotando su pelo, ella observaba en silencio a su alrededor, en su interior no sabía si tiritaba de frío o de miedo, el reloj marcaba las 2:55 de la madrugada.
Se acercaba el momento de abandonar ese lastre que ha llevado durante mucho tiempo. Una luz tenue abría paso a las sombras, acercándose a ella le susurraron al oído, __me llevo la maleta, con tus sueños de princesa, con los miedos que encierra y te libero para que crezcas, vuela alto mujer, sigue tus sueños y tus metas, demuestra tu poder y que nadie te imponga su fuerza__.
De repente, una ráfaga cálida dio paso a luz, iluminando todo el andén, el reloj se detuvo a las 3 de la madrugada, ella por fin despertó y dejó de creer en princesas y sus historias falsas, cuentos de hadas, de princesas tontas, vacías y sin alma.

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